No me rendire

Hay días en los que casi me rompo. Pero no pienso rendirme

Estos días no han sido fáciles.
Hace poco tuve que ir al hospital por unos síntomas que me asustaron más de lo que quisiera admitir: mareos intensos, y por momentos… todo se volvió oscuro. Nunca me había sentido así.


Esto dejó varias huellas en mi vida, primero el golpe económico que significó. Pagos fuertes. Un seguro que aún no sé si responderá. Y la posibilidad real de que esto complique aún más mi situación.

En el trabajo algo se siente distinto. No sé si es mi percepción, pero hay una especie de delicadeza en el trato hacia mí, no sé si esto podría ocasionar que me despidan.

Y con todo esto, me vino un recuerdo de la pandemia.
De cuando lo perdí todo: mi trabajo, mi relación, personas que pensé que estarían siempre. Ahí aprendí una lección dolorosa, pero verdadera: son muy pocas las personas en las que realmente se puede confiar. Lección que reafirmé con esta experiencia.

Todo esto a solo unos días de mi cumpleaños, aun así, no pienso rendirme.
Sigo con mis planes, con mis proyectos, con mis sueños.
Voy a dar lo mejor de mí, aunque esta vez con más cuidado, respetando los límites que mi cuerpo me está pidiendo a gritos.

Y en cuanto a las personas… no me voy a alejar (al final todos tenemos que relacionarnos).
Seguiré siendo quien soy: alguien que cree en las conexiones reales. Solo que ahora tengo más claro con quién cuento realmente, y a esas personas las voy a cuidar como lo que son: un tesoro.


Porque sé que la vida, en medio de lo incierto, también sabe traer gente nueva. Gente que vale la pena. Y yo estaré listo para recibirlas, con el corazón en paz y la mirada firme hacia adelante mientras persigo mis sueños, porque la gente que llegué en ese camino será gente valiosa, gente que compartirá mi camino o parte de él.